Es como si en realidad no fuera mi piel la que se rasgara. Pareciera que no es cierto. No. No lo es. Es algo más. E intento buscar la palabra. Mi espíritu ya sabe qué es. Me habla. Claritico. Es algo más. Y yo intento respirar profundo. Desahogarme. Para poder ponerle la palabra humana. Esa aprendida. Esa que les puede decir a ustedes qué es lo que siento en este instante. Y así yo poder nombrarla y que también exista para mi. Esa que me ha exigido durante mas de 365 días realizar esos cambios que me van a garantizar que he vivido, que me he adaptado, que he cambiado, que soy el cambio, que estoy lista, que siempre lo he estado.

Después de pensarlo bien, no solo he mudado mi piel. No solo se me ha desprendido ella. Se me desprendieron las partículas que me componían y siento como que hubiera ido lejos. Como que ya no son parte de mí. Que no sólo se muda el cuerpo. Que muda nuestro espíritu. Y mientras yo sentía que moría sin saber qué era…esta madrugada ya sé que era mi espíritu que también mutaba, se transformaba evolucionaba, se salía de sí mismo. Se iba de él para poder encontrar esos otros elementos perdidos. Iba al cosmos en busca de lo que no le dieron. Y lo rescataba para poder hacerle frente a este mundo del que hay veces sentía que no era parte. Y así poder darse consuelo y permitirle a mi cuerpo descansar. Estar. Respirar. Permanecer…

No sólo mudé de piel, mudé de espíritu. Mi esencia en un acto amoroso fue a ese día en el que muchas reparticiones nos fueron dadas y volvió por lo que tenía. Y se detuvo ante ellas y las tomó prestadas para devolverse rápido mientras yo dormía. Y retomó un poco de miedo. Y retomó un poco de más amor y de más paciencia. Y retomó un poco más de comprensión. Y fue a un esquinita y tomó algo más de libertad. Y se agachó ante la humildad y pidió más. Mucho más. Y también compasión. Y también dulzura. Y también determinación. Y olvido... Y más alegría y más sonrisas. Y más paz. Paz. Mucha paz. Y ante ella se derrumbo y la quiso toda. Y la pidió toda. La necesitamos tanto...todos.Quiso traerla toda. Paz. Ven. Vente en mí. Haz de mí lo que tengas que hacer para ser esa paz que necesito y la que todos necesitamos. Ven paz…

Y después de pensarlo bien mi espíritu regreso. Yo dormía y se instaló nuevamente en mí. Y yo cada día que me levantaba sentía que era otra. Que no era la misma que aquella madrugada con Merlín en mi regazo decidía que no valía la pena continuar. Que no era preciso seguir. Que mi espíritu no era capaz más de soportar la angustia de ser humana en un mundo en donde ya hay pocos seres humanos. Que no resistía la ausencia de muchos a quienes he amado y por quienes he hecho los mayores actos de amor. Que simplemente soltar me era demasiado. Que agarrar también. Que abrir mis brazos me derrumbaba pero que cerrarlos también. Que estar de pie era un exceso pero que arrodillarme lo era más. Y entonces llegaste…sentí tu presencia. Sobaste mi espalda suavemente y yo te miré. Sollocé porque sabía quien eras tú. Seguramente te había visto en otro tiempo. Seguramente muchas veces mi espíritu en otros cuerpos te había necesitado y te había llamado y te había buscado y te había hallado y te había invocado una y otra vez. Y una y otra vez habías llegado...

Y yo te vi como aparecer silenciosa una mañana y te instalaste para siempre. Y me acunaste. Y primero lloré hasta el cansancio. Y estuviste ahí. Silenciosa. Y tenías alas. Y me las pusiste. Y me las prestaste. Y tomabas cada una de esas plumas que te componen y me sobabas con ellas. Intentabas hacerme reír. Y yo te miraba. Y yo solo te observaba. No podía. Cerraba mis ojos. Los dejaba así. Y volvía a dormir. Y regresaba a ese mundo inhumano que no comprendo. ¡Maldita sea! No, no lo comprendo. Y volvía a ver las injusticias. El dolor de mis amigos humanos que sin ser mis amigos en muchas partes del mundo yo los sentía tal por el solo hecho de ser seres humanos. Y entonces me apretabas fuerte. Me sacabas de allí. Y me apretabas más fuerte. Y tus alas me pellizcaban. Pasito. Pero me pellizcaban para hacerme reaccionar. Y entonces yo volvía y llegaba con mi alma destrozada. Y me derrumbaba ante ti. Porque ciertamente este mundo humano es el exceso. No era mi vida. No era yo. Ya se que no era yo. Es este mundo el exceso es él mismo. Es este mundo, ese exceso para quienes tenemos un alma sensible y vivirlo es casi imposible. Y entonces todo se vuelve un exceso y todo ciertamente lo es. Y todo nos arruga el corazón y nos hace mudar la piel y nos desgarra el espíritu, hasta que no queda nada nuestro. Porque cuando menos lo pensamos, ya somos otros. Somos esto. Soy esta. Desnuda. Sin piel en mi cuerpo. Sin piel en mi propio espíritu.

Y dormí. Mucho tiempo. Y sentí la tibieza de tus alas. Y sentí la delicia de abrigarme en mi hamaca. Sabía que eras tú. Sabía que estabas ahí. Que en las noches siempre regresabas y que yo solo debía dormir. Y yo solo debía permitirme estar. Y apenas cerraba mis ojos tu ibas apareciéndote como chispas luminosas y divinas que venían a mi encuentro. Y yo te añoraba. Y yo quería que vinieras. Que regresaras. Que me hicieras compañía. Porque mis noches eran solitarias. Y eran frías. Y eran duras. Y oscuras. Y extremadamente silenciosas. Escuchaba el latir de mi corazón. De tu corazón. Del corazón de otros que en la distancia también estaban conmigo. Y comenzó la magia. Alcé mi mano. Y toqué tu ala. Y era suave y tibia como una nube blanca. Y eras dulce. Y olías diferente. Tu olor es más dulce que las flores del azuceno que adoro. Y tus alas esponjosas y suaves. Demasiado suaves para mi tacto humano. Y te apreté. Quería saber que eras de verdad. Y lo eras. Porque cuando te apreté me miraste. Y yo te miré. Y entonces me abracé a ti. Y te permití que me abrazaras y que te quedaras desde ese instante en mi vida.

Después de pensarlo bien, no solo mude mi piel, ni mi espíritu. Mudé toda. Misteriosamente. Y soy esta. Soy otra. Soy un nuevo ser humano que ha salido desde lo más profundo de mí misma porque así me lo exigió esta vida. Y me puedo ver con más compasión. Y me puedo sentir con mas amor en mi corazón. Y me puedo ver con más humildad ante mis dificultades. Y me puedo oler distinto. Y me puedo tocar siendo más humana. Y me gusto como soy porque me he transformado y me siento más libre. Y me amo más y te amo más resiliencia porque haz hecho de mí un mejor ser humano. Haz sacado de mi algo más que lo que era. No se que soy. Pero me siento más feliz y veo todo a mi alrededor mejor y más hermoso. Y donde no lograba entender nada y me era confuso, ahora lo entiendo todo y lo veo y lo toco e intento que con cada uno de mis actos amorosos eso cambie. Y donde mi espíritu se agobiaba, ahora solo puedo tomarlo lentamente y abrazarlo y transformar no solo mi sentimiento sino la emoción que veo que muchos sienten por él y entonces todo se vuelve otra cosa... Y la duda que tenía sobre mi propia especie desapareció como por arte de magia. Pero yo sé que desapareció como por arte de ti resiliencia, que existes para recordarnos que poseemos esa infinita capacidad de reponernos una y otra vez a las adversidades, a las que estamos expuestos por el simple hecho de estar vivos. Por el solo hecho de ser agua, de ser tierra, de ser fuego, de ser aire. De ser parte del universo y ser universo y ser también un poco de todo y de todos. Y ser inclusive la resiliencia misma. Inclusive. Después de pensarlo bien no llegabas de afuera. Ya estabas en mí. Ya me habitabas. Ya estabas en todos nosotros.

Después de pensarlo bien resiliencia estas en todos y en casi todo. Y solo necesitamos nombrarte para que llegues con tus alas a rescatarnos…es solo pensarte bien.

Y entonces hoy deseo que quienes amo y sufren puedan tener el placer de verte llegar. De que tus alas los toquen para que sus espíritus no sufran sino por el contrario vivan ese placer que me regalaste de comprender que todo lo que vivía me hacía un mejor ser humano. Y eso me es más que suficiente….

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