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La declaración del 2011 como el año internacional de la afrodescendencia constituye un tácito reconocimiento del histórico proceso de exclusión, opresión y subordinación de la que ha sido víctima el pueblo africano y sus descendientes en las américas, como consecuencia del establecimiento de un modelo económico mercantilista y la política europea de colonización esclavista.

Es por ello que el 2011 no debe diluirse en celebraciones triviales de lo afro; si bien, bailes, música, comidas, artesanías y vestimentas constituyen un elemento clave de nuestro acervo cultural, no debe erigirse como el núcleo característico y unidimensional de representación de la afrodescendencia, no debe ser un año para la exhibición trivial de lo exótico y lo diferente, ni convertirse en un espectáculo de sujetos(as) negros(as) para espectadores(as) blancos(as).

El año mundial de los y las afrodescendientes debe consolidarse como el escenario y oportunidad para rememorar, visibilizar y transmitir nuestra historia, desconocida por muchos(as), incluso por nosotros(as) mismos. Más que un año para celebrar la afrodescendencia debe ser un año para recordar que la presencia del pueblo africano en el continente no es azarosa, tampoco producto de una actividad turística o una migración voluntaria, es necesario visibilizar como bien diría Fanon, el progresivo “enterramiento de la originalidad cultural” de nuestros pueblos propiciada por el colonialismo.

Así mismo, el énfasis no debe ser colocado solo en la conmemoración de la liberación del yugo colonizador, no podemos dejar pasar por alto el hecho de que ésta independencia se genera como una explosión social en un continente históricamente oprimido, el pueblo se rehúsa a mantenerse sumiso a la arbitrariedad de las colonias francesas, españolas y portuguesas implantadas con el inicio del llamado “tráfico negrero”. Colonización que se apoyó en la ideología del desprecio al hombre negro, con lo cual pretendió justificar la expropiación de sus tierras y la esclavización en su territorio, deshumanizando la africanidad y la afrodescendencia como mecanismo de legitimación de una opresión histórica.

Se hace entonces por ello pertinente, la apropiación de éste año por parte del pueblo afrodescendiente, la desarticulación del discurso racista “hegemónico”, y la inclusión de nuestro discurso tradicionalmente concebido como periférico.

El año internacional de la afrodescendencia ha de ser una oportunidad para democratizar la afrodescendencia, el pueblo debe emprender su lucha, tomar conciencia de la necesidad de su autoafirmación y reconocimiento, la lucha afro no puede permanecer como hasta ahora secuestrada en elites afro-académicas, afro-intelectuales, la lucha afrodescendiente debe ser una lucha activamente participativa, al alcance de todos y todas.

Es la oportunidad para hacer propuestas, para hacernos escuchar por los estados, para exigir respuestas a nuestras necesidades de participación política y ciudadana, para demandar la dotación allí donde aún no lo existe de un marco jurídico capaz de reconocer y preservar la diversidad de la cual somos parte, como así mismo orientado a garantizar el efectivo respeto de nuestros derechos humanos tantas veces mancillados.

Un año para el fomento del autoreconocimiento, autoafirmación y participación afrodescendiente en esos espacios históricamente negados, es el momento para comprender y deconstruir esa ideología de desprecio, latrocinio y expoliación a partir de la cual se nos explotó para beneficio y construcción de imperios que aún nos oprimen.

Dependerá de nosotros(as) y de nuestra organización como colectivos, la creación de coyunturas lideradoras de la desalienación de los(as) afrodescendientes en pro de la erradicación del racismo, el endorracismo y la afro-exclusión.

Socióloga Esther Pineda G.

estherpinedag@gmail.com